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El legendario piloto italiano siempre ha lucido el mismo dorsal en el carenado de sus motos. Descubre las razones por las que decidió elegir este dorsal.

Il Dottore, Rossifumi, Valentinik…muchos son los apodos que ha usado Valentino Rossi a lo largo de su dilatada trayectoria en el Mundial de Motociclismo. En su carrera, el campeón italiano no ha sido fiel a casi nada. Sin embargo, hay una cosa que se ha mantenido inalterable en sus 20 de años encima de la moto, un nexo de unión que ha enlazado toda su vida deportiva: su número, el mítico 46.

UN PILOTO Y UN NÚMERO

Un número que ya es una marca en sí mismo y del que nunca se ha separado, ni en sus épocas más bajas, ni en sus victoriosas más sonadas, que no son pocas. Nueve campeonatos del mundo en tres cilindradas distintas contemplan al que muchos consideran el mejor piloto de todos los tiempos.

El apego de Rossi al 46 es innegociable. Ni siquiera la tentadora posibilidad de lucir el número 1 en el carenado, para dejar patente quién es el patrón del Mundial, le ha apartado de un número con historia. Pero, ¿a qué se debe esta fidelidad sin mancha a un dorsal?

MÁS DE UNA RAZÓN

Rossi siempre ha declarado que se debe a una razón principal, de carácter sentimental. Se trata del número que lució su padre, el también piloto Graziano Rossi, cuando consiguió su primera victoria en un GP. Fue en 1979, en la categoría de 250 cc a lomos de una histórica Morbidelli en Assen, la catedral del motociclismo. Ese mismo año nació el pequeño Valentino, que ha superado con creces a su padre y amenaza el récord de victorias del más grande: el inalcanzable Giacomo Agostini.

Sin embargo, el propio Rossi ha desvelado en más de una ocasión que el 46 también le gustó por otra razón, que se remonta a la época en la que corría en minimotos. En su autobiografía, Valentino explica que mientras estaba esperando a disputar una carrera en el circuito japonés de Suzuka, quedó maravillado por un misterioso piloto nipón, un atrevido wild card, que dio una auténtica exhibición con el asfalto mojado y destrozó a todos sus rivales. El pequeño Rossi quedó prendado de aquel kamikaze que lucía el 46 en el carenado, y decidió que ese sería su número. Hasta la eternidad.

Fuente: Mundo Deportivo

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